La cigarra y la hormiga

Cuenta la conocida fábula, a grandes rasgos, que mientras que la cigarra se pasaba el verano cantando y disfrutando del sol y el buen tiempo la hormiga estuvo trabajando afanosa de sol a sol y sin entretenerse. El verano terminó y la comida empezó a escasear y la temperatura ya no invitaba a estar cantando en la calle sino que apetecía buscar refugio para pasar el invierno. Gracias a su labor durante el verano la hormiga tenía su casita bien provista de alimento para toda la temporada mientras que la pobre cigarra tenía hambre y frio, y pidió ayuda a la hormiga, y la ayuda le fue negada, lo que le costó la vida.

Cigarrahormiga 1

La moraleja de esta historia está más que clara: trabaja como un burro y acumula para cuando vengan mal dadas porque si no lo que te espera es la más miserable de las muertes ya que en los tiempos duros no podrás contar con la ayuda de nadie. Al menos esta es la moraleja que hemos estado comprando todos estos años desde que la fábula fue escrita por Esopo, es decir alrededor del año 600 A.C. Es posible que vaya siendo hora de revisar el cuento y su moraleja.

Cigarrahormiga 2

Para empezar, cada uno de los protagonistas no hace otra cosa que seguir lo que le dicta su naturaleza. La cigarra se pasa el verano cantando porque es lo que tiene que hacer, ese es su “talento” por así decir mientras que la hormiga obrera, que no todas las hormigas trabajan, cumple con su tarea dentro de un férreo esquema social mirando siempre por la supervivencia de la comunidad por encima de la propia. Esto mismo aplicado a las personas nos indica un matiz que podríamos introducir en la moraleja del cuento, y es que cada uno es como es. Cigarra, hormiga o a veces ambas cosas a la vez, cuanto antes lo descubramos y empecemos a aprovechar nuestros talentos mejor nos irán las cosas. A la mayoría nos enseñan a seguir los pasitos de la hormiga, a formarnos lo mejor que podamos y a ser posible en trabajos que estén demandados y bien pagados (empleabilidad creo que lo llama el ministro de educación). Desde el primer momento no nos enseñan a conocernos y a explorar nuestros talentos y fortalezas y a saber qué nos gusta hacer, lo que lleva a muchos al fracaso en los estudios y a otros a estudiar carreras que en realidad no son las que querían hacer sino las que pensaban que les iban a llenar mejor los graneros para el invierno. Los primeros terminan convertidos en supervivientes sociales que se agarran a cualquier cosa para poder pasar el invierno y los segundos en trabajadores que no disfrutan de su labor diaria y llaman felicidad a la abundancia de cosas materiales.

Cigarrahormiga 3

Excluyamos por un momento a la cigarra de esta historia. Nosotros somos seres sociales como la hormiga y en principio tenemos más que ver con ella que con la cigarra. Igual que hay hormigas obreras, soldado y demás y así hasta la reina, también existen personas obreras, oficinistas, soldado y demás y así hasta los que tienen el poder. Parece como si la moraleja de la fábula estuviera originalmente interesada en perpetuar este orden de cosas, ¿o seré yo que soy un mal pensado? No debemos olvidar que aunque seamos seres sociales como la hormiga para algo debería servirnos el tener casi kilo y medio de cerebro dentro del cráneo, cosa que ellas, pobrecitas, no tienen. ¿Nos estarán haciendo creer los poderosos que mejor no nos salgamos de nuestro caminito de hormigas por si llegado el invierno no tenemos qué comer? ¡Qué tontería! Si lo que quieren nuestros líderes es que seamos felices y llevemos vidas plenas y sencillas, ¿qué sacan ellos con mantenernos en nuestra situación de “hormiguita que no se hace preguntas”?

Como latinos que somos parece que tendemos a tomarnos la vida más bien como la cigarra que como la hormiga, o de eso se nos acusa desde la Europa productiva y hormiguil, y mientras sean ellos los que dictan las reglas del juego está claro que las cigarras mediterráneas lo llevamos crudo, pero, ¿qué hay de malo en tomarse la vida con calma? ¿se puede organizar la sociedad de otra manera, con otras reglas?

No estoy en contra de la cultura del esfuerzo, el que algo quiere algo le cuesta, eso está claro, lo que pasa es que me parece que en realidad no queremos ni el diez por ciento de las cosas por las que nos matamos a trabajar, o nos matábamos, y que nos han metido por los ojos con mensajes publicitarios interesados en mantener las cosas como están. Hay que estar a la última y consumir, poseer y tirar lo viejo aunque funcione porque han sacado otro que es mejor. Hasta desde algunos movimientos “new age” se nos quiere manipular en este sentido dándonos a entender que si no nos compramos todo lo que nos apetece es porque no nos amamos y no nos sentimos merecedores de bienestar, se las saben todas las hormigas reinas.

Cigarrahormiga 4

La cigarra tiene una gran ventaja sobre la hormiga, tiene tiempo libre. Puede usar ese tiempo en cantar y bailar al sol, pero también lo puede usar en conocerse mejor, saber cuáles son sus verdaderos intereses y habilidades para finalmente convertirse en alguien mucho más productivo y a la vez feliz que la hormiguita. Y lo que es más importante, tiene tiempo para desarrollar un espíritu crítico que le permita darse cuenta de lo que hay, de cómo está organizada esta sociedad tan injusta y de aportar soluciones para movilizarla en pos del bien común.

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4 pensamientos en “La cigarra y la hormiga

  1. Genial el análisis y la revisión de esta fábula. Como tú, considero que detrás de esta, comod e cualquier otra fábula o cuento, hay una estructura de pensamiento doctrinario en el que se pretende organizar, desde una serie de intereses que quedan más allá de nuestra concienta de hormiguitas obreras, el devenir de nuestra existencia.
    Abogo por la cultura del esfuerzo y el sacrificio que transpira la hormiga, pero me identifico totalmente con la cigarra, más libre, más despreocupada y más ‘salvaje’.
    Lo importante sin embargo, no es identificarse con uno u otro, sino que a pesar de cual sea tu rol en la sociedad, que éste haya sido elegido, no impuesto. No hay nada de malo en ser un asalariado si es que con ello eres feliz, pero no hay nada peor que vivir una vida que ni tan siquiera te hayas planteado vivir… seguir el ritmo preconcebido y pasar toda tu existencia sin ser consciente de que otras realidades son posibles, que existen otras vías y que la vida, al fin y al cabo es, o debería ser, lo que cada cual quiera que sea, no lo que te dicen que es.
    Excelente reflexión. Cada día más fan de vuestro blog! 🙂
    Un abrazo,
    Elia

    • Muchas gracias por tu comentario. Es cierto, la vida es una sucesión de elecciones. Tomemos el camino que tomemos, cigarra, hormiga o las dos a la vez que sea siempre desde nuestra libertad.
      Un abrazo.

  2. Una reflexión muy interesante, creo que hay muchas personas (entre las que me incluyo) que debido a la crisis se han encontrado con más “tiempo libre”, y que gracias a ese “tiempo libre” están empezando a conocerse mejor y a redescubrir sus motivaciones, sus intereses y sus prioridades, y al final ese es el camino más fácil para ser feliz.

    • Estoy muy de acuerdo. Hay que ver siempre una oportunidad en cualquier circunstancia, como puede ser perder el empleo como en mi caso. Se trata de enfocarnos en lo que hay por delante en lugar de lo que dejamos atrás, y resulta que por delante solo hay lo que construyamos, ni más ni menos.

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