Los trenes que perdimos

Por el título del post pudiera parecer que voy a hablar de oportunidades perdidas, aquellos trenes metafóricos que se nos escaparon y ya no volverán, pero no, quiero estrenar esta sección hablando de trenes literalmente perdidos o más bien arrebatados en aras de la rentabilidad y del control del déficit.

Primero debo reconocer que siempre me han gustado los trenes. Disfrutaba mucho cuando era pequeño y nos íbamos de vacaciones en el tren más cochambroso que por entonces tenía la Renfe y que tardaba toda la noche en hacer un recorrido que hoy en coche se hace en menos de cuatro horas. Cochambroso o no yo lo disfrutaba. Para mí el tren era ese medio que permitía que los fines de semana pudiera ir a Madrid a ver a mis abuelos maternos y los veranos a Granada a ver a los paternos. El tren no solo era un medio de transporte sino que mantenía unidos nuestros lazos familiares.

Además de esta interpretación emocional también he entendido a las redes ferroviarias como elemento vertebrador y casi diría civilizador de los territorios. Un poco como hicieron los ingleses en la India y otras colonias o incluso en España con las redes ferroviarias desarrolladas en la Cuenca Minera de Huelva. Provincias como Madrid serían del todo invivibles si no fuera por su red de cercanías con todo lo mejorable que es y para las pequeñas poblaciones que todavía conservan su conexión ferroviaria resulta vital no perderla. Y es ahí donde ha caído el último tijeretazo del gobierno.

No quiero tampoco cargar las tintas contra el gobierno actual porque lo que está pasando con la red ferroviaria española se viene fraguando desde hace bastante tiempo. En los últimos años la mayoría de las inversiones en infraestructura ferroviaria se han destinado a la red de alta velocidad, de hecho el anuncio de la reducción de frecuencias en la red regional coincidió con la noticia de la entrada en funcionamiento de la alta velocidad entre Madrid y Alicante, cosa que resultó muy ilustrativa de lo que está sucediendo. Se han construido innumerables kilómetros de AVE con estaciones infrautilizadas (véase Guadalajara- Yebes) gastando ingentes cantidades de dinero mientras se descuidaban las líneas convencionales que dan servicio a las pequeñas poblaciones donde resiste la gente a pesar de la progresiva pérdida de servicios y calidad de vida en nuestros pueblos.

Lo que viene sucediendo en España con las redes ferroviarias es sencillamente la extrapolación de nuestro modelo de crecimiento de los últimos años. Queremos presumir en todo el mundo de nuestra red de alta velocidad como una especie de nuevos ricos al precio que sea y eso sin duda ha sido una de las causas del agujero de las cuentas del estado. Mientras en Brasil desestimaban la construcción de una línea de alta velocidad entre Sao Paulo y Rio de Janeiro, dos de las ciudades más importantes del mundo, por ser ruinosa desde el punto de vista económico aquí instalábamos alta velocidad con paradas en Guadalajara, Cuenca, Calatayud o Puertollano y lanzaderas de AVE entre Madrid y Ávila, Segovia y Toledo. Este modelo sin duda respondía a intereses especulativos y no a la búsqueda del bien común de manera que todo tiende a concentrarse en unos pocos, muy pocos, centros de poder mientras que otras zonas caen en el abandono con las consecuencias que ya conocemos, de un lado ciudades cada vez más grandes e impersonales con cinturones de marginalidad a su alrededor y del otro zonas rurales abandonadas por la pérdida de oportunidades y de servicios imprescindibles para sus habitantes. Esto nos lleva a ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres, pero todavía estamos a tiempo, aún hay esperanza.

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2 pensamientos en “Los trenes que perdimos

  1. Ciertamente las comunicaciones en tren con el sureste dejan bastante que desear sobre todo si se comparan con la Andalucía occidental y central. Quizás si se hubieran destinado los recursos a construir lineas convencionales de calidad se habrían repartido mejor y habrían llegado a más ciudades y no unos con AVE y otros sin nada o con el “cochambroso” de toda la vida. En fin, siempre te quedará la autopista fantasma a Cartagena…

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